17 de julio de 2013

ALBERTO NATALE

ALBERTO NATALE
10/9/12
Palabras pronunciadas por Héctor Amez en el primer aniversario de su fallecimiento
 
La vida pública de Alberto Natale fue un fluir en el que las cosas se dieron casi naturalmente , como si  debieran ser por imposición de una fuerza superior en la que no creía, casi sin esfuerzos mayores.

Desde muy joven, tenía 17 años cuando se incorporó al Partido Demócrata Progresista, en 1955, en la primavera democrática que sucedió a la caída de la dictadura iniciada en 1943, comenzó su militancia primero en los cuadros juveniles.

A poco andar y tras la muerte de José Antelo,  integró la Junta Ejecutiva Provincial que presidió Alfonso Aletta de Sylvas, sin duda el más activo y capaz dirigente después de Enzo Bordabehere en la organización partidaria.

Le tocó a Alberto sucederlo sin las dotes de Aletta, pero con un talento que lo elevó a los cargos superiores por encima de correligionarios  antiguos y respetados, que cedieron sus posiciones en reconocimiento a su mérito.

Apenas se había recibido de abogado, a los 23 años, cuando se incorporó al estudio del Dr.Camilo Muniagurria, y ya fue candidato a concejal de Rosario. Cargo en el que sería electo a los 24 en una lista que compartí y que era presidida por Angel Moral.

Vinieron las épocas difíciles del 73 y con 35 años fue candidato a gobernador pasando a la segunda vuelta con lo que su nombre cobró aun mayor prestigio.

Todos sabemos como terminó ese aciago periodo pese a todas las advertencias que se hicieron. La violencia sin precedentes pudo ser evitada pero la hoguera se encendió.

Cuando se pensó que  podía empezar la salida, Alberto aceptó la intendencia. Una obra de progreso de 22 meses transformó la ciudad  en un clima de concordia, en la que se gobernó para todos y no se toleró una sola desviación de los principios de la moral administrativa.

Desde 1985 y durante 20 años desempeñó en cinco períodos una diputación nacional brillante reconocida por propios y extraños.

Cinco veces fue candidato a gobernador sin discusión interna y en ocasiones por la insistencia de sus amigos que veían disminuidas las posibilidades sin su presencia.

Los amigos que lo conocían bien  a veces han pensado que  no dio toda la medida de sus condiciones y por eso le han reclamado más en algunas ocasiones.

Su actuación no se limitó a la militancia política y puede afirmarse que casi  ningún demócrata progresista alcanzó su rango en los ambientes académicos.

¿Puede afirmarse que no cometió errores? ¿Acaso ha existido el hombre que no los haya cometido, según la opinión de este o aquel?

Transitamos juntos en el partido cincuenta años. Algunas veces hemos tenido opiniones diferentes que no han alcanzado para afirmar una disidencia o siquiera una confrontación.

En los tiempos políticos difíciles y peligrosos que vivimos  lo necesitamos. Ahora sólo tenemos su recuerdo y su ejemplo.

Alberto fue un hombre íntegro, un demócrata cabal, el mejor de su generación y quedará entre los prohombres del Partido Demócrata Progresista.

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